Probablemente mi mamá
Mientras caminaban, la madre iba pensando en sacrificios, en tortas sin harina, en muertes sin puñal. Pero también pensaba en el futuro, en grandes rascacielos, en oficinas con muebles de cuero y secretaria bilingüe, y entonces recapacitaba y una sonrisa se le empezaba a asomar por detrás del rascacielos y miraba a su hijo, jugando con las manos y con un trompo grande que le bailaba en la conciencia. Cuando llegaron a la puerta del colegio ella se inclinó para darle un beso en la frente, le entregó sonriente la loncherita y lo vio alejarse por entre maestros y conocimientos.
Sucedió entonces que cuando apenas empezaba a caminar por el regreso oyó clarito un grito de su hijo, hijito querido, y oyó los golpes que lo aplastaban y sintió las manos que lo asfixiaban y le quitaban el trompo de la conciencia y de paso lo dejaban sin conciencia también (para prevenir). Entonces ella apoyó la cabeza sobre el cristal de la puerta y una lágrima se le asomó en los ojos que ya casi ni luz tenían. Pero al cabo de su pequeño instante se abrió una de las puertas de cristal y salió un hombre muy buen mozo con corbata y vestido de paño y ella lo miró tan conmovida y se fue a su lado exhibiendo rascacielos.

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